
En un momento, Zamora frenó de golpe, porque de un costado salió una persona, un jugador de verdad, que se cruzó por la calle. Buscó algo en la banquina, hasta que agarró una pelota. Entonces nos saludó, mostrándola bien alto. Zamora contestó el saludo tocando la bocina, y el jugador volvió al mismo lugar de donde había salido, desapareciendo entre los árboles."
El sudoeste, Fragmento.
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