viernes, noviembre 10, 2006

La separación























A veces sigo el brillo en el buen pasar
por el corredor hacia el ojo caliente
que descascara toda piedra anterior en el tajo.

Pero cuando salgo del hondo vivo
de mi amiga, pobrecita nos muero precipitados
y somos sólo con vistas a la persecución.

No es que vaya a proa
parado en un vértice de impulso,
es que me arrastra delante de ella
la angustia de la vida rápida.

Con riesgo me llevé el altavoz a la boca
y a punto pronuncié el voto
que decidió dónde volcar
lo poco que quedaba en el vaso.

Ella me dio dos metros de tierra
para los huesos de mi Juan pretendiente;
lo hizo hace poco, con cara de teatro,
acompañada por las amigas.

Parado en el pecho,
el corazón golpeó como loco
para avisarle a la gente que pasaba
minutos antes de que el aire se acabe.

Sentimientos no perecederos
permanecen guardados en un depósito,
arriba, en neuronas con candados.
Esa altura es un lugar impenetrable.

Ahora estoy solo pero rodeado
en el medio de una reunión
donde cuento la historia
que se encarga de mí.

A la medianoche gotea el océano
en un desmayo del cuerpo
carcomido por la niebla y las figuras
que se quedan calladas.

Sombrita del fondo del mar,
¿quiénes tienen miedo, sino los viejos
que no se atreven a invitarnos
a nuestro futuro?

Por la cerradura del eco
se oye una conversación.
Hablan de la fiesta de Lucía,
la hija más grande.

El día se está dando vuelta.
La negrura fabulosa
Muestra pinturas insólitas
en la pantalla del techo.

Ella desapareció por abajo,
en la generación más reciente
de raíces y de muertos,
que trajo la última primavera.

Yo sigo hablando,
no sé para qué;
Debe ser por instinto
de conservación.

Mi nombre es Juan Diego,
soy un agujero de ceniza
en el pasto,
que se acuerda de todo.

Paso el tiempo pensando,
a veces viendo en el brillo
a los pájaros que se demoran
en su viaje a la nada.

Mis piernas quedaron apartadas
en una capa de sal.
Allí las quema el desaliento
de la siesta, entre bichos y pobres diablos.

El movimiento terrenal
me va moviendo hacia el sur.
Esto me refresca en verano,
pero me da frío en invierno.

Una mano sobrenatural me mantiene
completamente despierto,
para que siga hablando
mis desventuras a la naturaleza.

Aquel árbol me recuerda a uno parecido
que quería trepar cuando era chico.
En esa época yo era muy bajito
para alcanzar las ramas.

Los restos ya están muy entrados
en el suelo de esta casa,
por eso me pasa que confundo
las ideas con recuerdos.

Voy a ganarme la vida
picando piedras y cosechando flores.
Es bueno tener un pasatiempo
Cuando estás solo.


************************************
ilustración: cockroach

9 comentarios:

Anónimo dijo...

muy buen escrito... en serio, te felicito.

JQN dijo...

"No es que vaya a proa
parado en un vértice de impulso,
es que me arrastra delante de ella
la angustia de la vida rápida"

y

"Sombrita del fondo del mar.."

todo. pero para mi esos versos. muy bello. como habitualmente. un saludo.

Juan Diego dijo...

muchas gracias a los dos.
saludos!

Hombrecitas Beodas dijo...

Juan, me han gustado mucho tus versos, es la primera vez que llego aquí, las palabras se defienden sobre la tristeza gris del papel.

Rusita dijo...

muy bello,como siempre.

Juan Diego dijo...

gracias hombrecitas (bienvenida)
y gracias rusita (tanto tiempo sin verte)
besos

EmmaPeel dijo...

lindísimo juan! continúe posteando puesía
salu2 y palmeritas

diego dijo...

qué lindo, qué lindo poema, juan, en serio
A veces sigo el brillo en el buen pasar...

Juan Diego dijo...

gracias emma y diego,
me alegra que les guste.
abrazos