martes, febrero 26, 2008

Sensación de alerta

ampere veinticuatro

Acaso escuchamos la explosión, acaso la noticia, acá soñamos la transformación de nuestras caras. El hongo venenoso toca el cielo. Movimientos de electrones mutan los aspectos. Ancianos jóvenes, animales hombres, hombres animales, jóvenes ancianos. La velocidad aumenta. Multiplicamos la masa por la fuerza y la dividimos en tiempo moderno. El viejo instinto, la sensación de alerta, parpadea luces rojas. Una multitud aparece de la nada. Es la guerrilla de Huscarles que sale de la selva. La posguerrilla adolescente. Quieren venir con nosotros. Roque me consulta con la mirada. Yo no tengo problemas. Roque está en Roque. Alrededor, casilleros de adoquines atraviesan el mapa. Nuevas tropas pisan las cuadrículas. Junto a los cordones, el aceite flota en el agua de la zanja, muestra el futuro en su lentísima dinámica. Cómo veo. Como veo. Segundas personas llevan mi apariencia, en la conversación y su conservación, por la romanización y su armonización, hacia el desamparador y su desparramo. Pinchavenas. Comecarnes. Masticahuesos. Raspan la cabeza con los dientes. Despellejan el cuero hasta pelar el cráneo. Apuran con expresiones rápidas, por la inercia de Jael multiplicado, la inercia del enamoramiento. Los Huscarles pegan alaridos. Roque se entusiasma. Yo miro la realidad en la zanja. Los reflejos juveniles, deformes y crecientes, fagocitan artistas. Las manchas tornasoladas envenenan la calidad de las muestras. La mugre, arrastrada por la euforia de la lluvia, cubre las representaciones que vendrán. La población entra en pánico. Los adolescentes salen a su encuentro.

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6 comentarios:

juandé dijo...

ilustración: Manuel Lariño

el anónimo de arriba dijo...

está bueno el ritmo y el lenguaje. Deberías escribir esto en vez de las boludeces peronistas de barrio.

atina dijo...

Este tiene un cierto olor a comienzo.

Fe dijo...

Inestimado anónimo de arriba: pobre literatura la que se nutre sólo de ritmo y lenguaje. Al parecer, no entendés nada al respecto. La buena literatura suele trascender estos conceptos: habla, fundamentalmente, sobre la gente, sobre sus emociones; sus miserias y sus pequeños triunfos. Y, peronista o no (es una discusión estéril), la literatura del amigo Incardona, profundiza felizmente en esta búsqueda. Así que, hacé el favor: ocupá tu tiempo en cosas de mayor provecho que vomitar comentarios anónimos en un blog.

juandé dijo...

gracias Fe.

saludos a todos

morgana dijo...

Te estoy leyendo de atrás para adelante y caigo siempre en las mismas cosas.
Ya no estoy en ayunas porque me manduqué los amperes anteriores.
Ay.

Sigo leyendo cangrejalmente.
Saludos, M. (de MeVoyACaerDeCuloSiSigoAlRevés)