viernes, noviembre 23, 2007

amperocho















8

Bajamos en Primera Junta,
vamos por Rojas hacia mi casa.
Me duele el estómago y otra vez
la cabeza. Cebollas tiradas
largan saporos en ascenso
que aprovecho para respirar
y llenarme los pulmones
de la naturaleza muerta
fertilizante del sistema
circulatorio que irriga
los campos cultivados
de la masa encefálica,
pero la concha mojada
dice qué asco y el sapor
nutritivo se interrumpe.
Juro que no aguanto más,
me harté, digo basta.
A la altura de la vía
saco el cuchillo y se lo clavo
a noventa grados en el ojo
derecho hasta las cavernas.
Por fin llega el alivio,
veo luces sibilantes,
aunque pienso que lo eché a perder,
me agarra la melancolía inversa.
Enseguida aparece de la inopia
un lungo malsano al que aparentemente
le gusta jugar de testigo.
Se viene encima. Qué suerte.
Miro el piso: un pedazo de chapa.
Cuando el lungo está a dos metros,
hago la giratoria, le paso fulgesco
el borde oxidado, le toco el violín
hasta romperle la cuerda.
El camello cae. La noche
se pone buena; tomo cuatro
amoxidal 500,
pongo la cinética para mi casa,
pero en una comprobación
del panorama descubro
un gorra azul en el andén.
No sé qué tienen mis ojos
a la distancia porque apenas
lo miro, al yuta le viene
el apploro, grita. Para colmo
la larva que parecía muerta
se arrastra a mis pies,
enchastra todo el apud
con su chocolate caliente.
No sé qué hacer primero
pero me decido y le aplasto
la cabeza a la oruga
con un salto exhibitio.
Después corro
por la vía en busca del buche
pero noto la cercanía del tren
que viene a toda velocidad,
así que me doy vuelta
y vuelvo a esperar con el
lungo y la puta; el policía
sigue con su aullido y a mí
se me sale de la vaina la injuria
y le grito
la re concha de tu vieja la petera,
pero evidentemente ese rati
desconoce toda advertencia.
Le grito marica,
ahora vas a ver,
y el muy pija dispara
un par de tiros al aire.
Sin querer pateo
una cebolla podrida.
Me agacho y la huelo más
de cerca hasta que la satisfacción
me da un escalofrío.
La agarro, la unto
con la sustancia lechosa;
la como en tres mordiscones;
qué placer, pero un azote
me entra por el oído;
es el aullido del alcahuete
que no para, y ahí mismo,
entre la sustancia y el remorbesco,
me invade una polimorfa
mezclada con obiratio.
La concha de tu madre
empiezo el atletismo,
pego un salto al andén
donde está la marica,
que dispara como loco,
pero no mucho tiempo
porque lo alcanzo con una
patada doble en el pecho.
El rati cae.
Yo le hago un consputo
de flema verde en los ojos
que brillan la desdicha
y le destapo con el cuchillo
la rejilla de la caja toráxica.
Acerco mi mano a su boca.
Cuando el aullador expira
me sopla el último aliento;
el obduresco y la corriente
me paralizan de placer.
Ahora camino otra vez
hacia Rojas mirando de reojo
a la sombra que espía
detrás de una columna.
Canto no ves que el tiempo
se quedó a vivir.

********************
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5 comentarios:

Juan De dijo...

ilustración: Laura Anne Hippensteel

poncho de verano dijo...

Al fin exploto, y como bono extra liquido a un rati, me siento aliviado!!!
Gracias Juan
ahora me fumo un pucho y lo imprimo para pegarlo el lunes en el laburo.

morgana dijo...

Cada vez se me hace más difícil fisgonearte. Ahora moliste a un lungo... qué harías si me ves en el final del andén mirando el show?
Buenísimas las expresiones, cada vez más filosas.

K. dijo...

la lancha para y vos con la cosa encima

Juan De dijo...

gracias poncho. un abrazo

gracias morgana. qué haría si te viera fisgoneando en la esquina... besos

k: es la adrenalina de ver la policía!