miércoles, junio 11, 2008

Pija es cultura*

(Crónica de una clausura anunciada)

El Centro Cultural Pacha Mama, ubicado en el corazón de villa crespo en la hermosa y también feroz ciudad de Buenos Aires, fue mi pacha, mi pedazo de tierra prestada, también mi casa, mi guarida, mi taller y mi catedral, además de mi bar preferido, of corse, por casi un año. Hoy clausurado amerita un recuento.

Por Eli Neira

Perdónenme las damas y los espíritus moralmente sensibles a estos temas digamos tan corporales, pero para mí, el centro cultural pacha mama, y diciendo la verdad de la milanesa, (mas allá de la cultura, que tuvo su lugar, claro está, cómo no!), fue un inagotable reservorio de pijas. Así es no más la cosa y porque pija también es cultura, vayan sabiendo.

Y cuando hablo de pijas me refiero a la pija amiga, la pija compañera de borracheras, la pija poética, la pija tanguera, la pija peronista (nunca sabré si de izquierda o de derecha), la pija con guitarra, la pija al piano, la pija hippie, la pija punk, la pija hermana latinoamericana, la pija vegetariana, la pija turista, la pija triste, la pija exaltada. Pija sobre pija, hoy ausentes y no por ausentes menos pijas.

El pacha fue un lugar pródigo en chongos jóvenes y voluntariosos (una maravilla), siempre bien dispuestos no sólo a cojerla a una sino también a gentilezas hermosas e inolvidables.

Diego Arbit fue el responsable de mi aterrizaje en el magnánimo lugar, el invierno pasado, cuando aprovechando una visita mía a la ciudad, me invitó a uno de sus clásicos festiarbit. Esa noche me emborrache como suelo hacerlo, de la manera más abyecta y supe, mi inconsciente me dijo, que ése seria mi lugar por mucho tiempo. Y así fue. De ahí no salí más.

Primero comencé a ir los jueves al comedor de poetas, luego, los jueves y los sábados, luego los jueves, los sábados y los viernes, luego los martes, los miércoles, los jueves, los sábados y hasta los domingos y así hasta cuando el pacha se convirtió literalmente en mi casa y en mi patria de emergencia.

El pacha, además de chongos, tenía una magia, una suerte de efecto elástico. Muchas veces fui a tomar el colectivo después de la juerga y sintiendo a la noche como un animal hostil y frío al acecho, me devolvía porque el pacha acogía a sus borrachos como una madre acoge a sus hijos díscolos, con una copa y una palabra cariñosa y una frazada y un sillón donde dormir.

No me costo nada pasar a formar parte de esa familia disfuncional que éramos con el Lean y sus hermanos, Saimon, el Pato, Pat Morita, el Fede, Marito, Matiu, Laje, Mati, Ale Raymond, Funes, Regi, Celeste, Incardona, el mismo Arbit, y todos los que orbitábamos cerca de ese gran sol con apariencia de bar.

También fueron muchas las tardes hermosas, al son de las guitarras mercedinas dándole al tango. Como la tarde en que escuche cantar a Luciano por primera vez y su voz transportadora me hizo caer en la cuenta de que vivía rodeada de lujo. Porque además de ninfómana soy una esteta y me relaciono con el mundo a partir de la ausencia o presencia del arte y la belleza.

Inolvidables también fueron las tardes sorbiendo mates en el taller de poesía en acción con Luli Morena, Mario, y después con Grisa y Martín, ayudando entre todos a construir la obra del otro.

Y fueron tantas pero tantas las noches bellas, carnavalescas, chaplinescas incluso, borrachas, poéticas, surrealistas, intensas, raras, libertinas y libertarias que me cuesta nombrarlas:

En orden aleaorio

La noche que me sentí poseída por el espíritu de Victoria Abril
La noche en me sentí poseída por el espíritu de la reina de África, la mítica puta que regentaba el pacha cuando no era el pacha sino el prostíbulo mas entretenido (no me cabe duda) de Buenos Aires.

La noche que descubrí que la foto de Gardel me miraba a los ojos desde cualquier punto en que yo me ubicara.

Las muchas noches en que sin dinero comí y me emborraché como una emperatriz.
La noche en que llegue huyendo de desalmados que me robaron la totalidad de mi escaso patrimonio y hubo brazos incondicionales que me abrazaron y que contuvieron el derrumbe.

La noche en que jugando a no sé que juego quedamos todos en bolas
Las muchas noches en que recibí aplausos y pude aplaudir con admiración sincera.
Las muchas noches en que quede inconsciente y manos amigas me acostaron en un sillón y me arroparon.

La noche que vomité en el pacha, sintiendo que ensuciaba un lugar sagrado.(Limpié enseguida, ¡Lo juro¡)

La noche en que fui ungida como directora del centro de altos estudios pese a mis tendencias nudistas por todos conocidas.

La noche en que dejé mis calzones untados en vino, esparcidos por todos lados luego de una perfo.

Las muchas noches en que escuché a los mas delirantes poetas de Buenos Aires y del mundo que recalaban como barcos ebrios o como peces suicidas en nuestro bar puerto.
La noche en que Incardona me regaló el diamante más grande del mundo
Las noches que estuve tras la barra y descubrí que el pacha era un agujero de caos elemental que funcionaba en perfecto orden.

La noche en que Mario, Laje,Funes, Luli y Valeria Iglesias me regalaron la más festiva subasta de arte jamás vista. En el pacha supe de una solidaridad que en mi país jamás vi ni remotamente, menos entre pares.

La noche en que Valeria Cini me dijo antes de salir a escena, “Tu talento no te lo roba nadie, así que vamos a subir a ese escenario a hacer lo que sabemos hacer”.
Y esas muchas noches de levante, de tigresa en celo en que gentiles señores me acompañaron a casa para mostrarme las bondades de la carne argentina y la importancia de las relaciones bilaterales entre genitales de países hermanos.
La noche en que otro amable señor que no era Joaquín Sabina me dijo, “Sigue con tus movidas reina, pero yo ya no quiero seguirte en tu viaje”, o algo muy, pero muuuuy similar.

La noche final, animada por el inestimable Alejandro Ricagno, noche generosa de cabo a rabo, cuando sentí que la argentina toda (al menos la fracción que a mi interesa) me despedía con auténtico pesar.

Noches en que me sentí querida, divertida, acompañada, enloquecida, con todas las licencias del mundo.

En el pacha reí, baile, me emborrache, me drogué, vomité, dormí, desperté, desayuné, almorcé, trabajé, enseñé, aprendí, leí, escuche, me mostré, me escondí, vendí mis libros, gane dinero que luego perdí, también abracé, besé, fui abrazada y besada, lloré, quedé muda,

En el pacha me dijeron unas cuantas verdades y yo dije otras tantas.

En el pacha me desnudé y vi gente desnuda, seducí y fui seducida, regalé y fui regalada, fui libre y fui bella, y fui triste y oscura.

Noches, madrugadas, mañanas y tardes que llevo bordadas en mi corazón y si bien no sirve de mucho en las actuales circunstancias pero mi corazón es un territorio que nadie puede clausurar porque como ya dije Pija también es cultura.


Postdata: El lector avezado sabrá distinguir el mundo metáforico, el mundo de los deseos, que es el lugar donde nace la poesia, de la mera información, (cosa que no me interesa en lo mas mínimo) por eso seguro olvido noches, gestos y nombres, pero seguro también que los olvidados sabrán perdonar.

Eli Neira


*Publicado originalmente en Kiss Me






















detalle de la sico silla (linea abyecta diseño para una vida buena) en el pacha, foto, mariana de luca

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6 comentarios:

julieta dijo...

muy bueno! me encantó este texto! ojalá el pacha re abra.

saludos.

juandé dijo...

ojalá!

gracias

Julieta dijo...

pasaba por acá. Tuve la suerte de frecuentar el pacha y escucharla a eli y también a usted! Un placer.
Saludos Juandé!

juandé dijo...

una invasión de julietas.

así que ibas al pacha? nos debemos conocer entonces.
saludos!

julieta dijo...

ja ja... sí, frecuentamos los mismos blogs... pero yo no tengo blog propio... sólo soy colaboradora en uno...

hola Julieta con J mayúscula!

besos por aquí.

Anónimo dijo...

un texto transgresor. dice pija!