lunes, octubre 29, 2007

Rexistencia 42 - Duplicado

Primero la acompañé a Natalia para que vote en la escuela que está al lado de la estación de Nuñez. Custodiaban soldados navales. La vez pasada también. Acaso será por el río, por los clubes náuticos y los edificios que tenían en Libertador, que en la sensación de pertenencia, los barrios del norte son de la Armada, sin duda la más anglófila de las fuerzas –a diferencia del Ejército, filoprusiano(1)-, la más aristocrática, la más oligarca, la más, digámoslo en criollo, gorila de todas, responsable, por ejemplo, del bombardeo del 55 y del espanto cometido en la ESMA.

Después de un rato, bajamos el tobogán de la mano de un manco, y barrio tras barrio, la General Paz nos mostró la evolución de las propagandas, que empezaron con Carrió y Lavagna y terminaron, allá en el arenero del sudoeste, con Cristina y algo de Rodríguez Saá.

Esta vez no voté en la 49, sino en las Hermanos Amezola, también en Villa Madero. El estado edilicio, un poco mejor.

Entré al patio cubierto. Las colas serpenteaban, cruzadas entre sí. Las caras, la ropa, daban a la gente un aspecto completamente distinto al que había visto un par de horas antes. Saludé a varios conocidos. El Chavo, un pibe que no veía desde hacía años, me encaró y me dijo: “che, leí uno de tus cuentos, el de la explosión de los calefones, muy bueno”. Ante mi sorpresa, explicó que lo había leído en un ciber, que se lo había recomendado el pibe que atendía en la caja. Increíble.

Finalmente, llegué a la mesa. “¡Incardona Juan Diego!”, dijo uno. “¡Duplicado!”, contestó otro. Entré al cuarto oscuro y puse la lista completa de Cristina. Antes de salir, hojeé las boletas de Samid. Entre líneas podía leerse una promesa: “si ganamos, doscientos pesos de carne para cada uno”.

Salimos de nuevo a la General Paz y cruzamos la Richieri para ir a Celina, a la casa de mis viejos. Qué lindo que es mi barrio. Pese a todo, a la construcción compulsiva, a la extinción de los campitos, al afano; por más que digan que ya no es lo que era cuando éramos chicos, a mí siempre me huele igual el aroma de los eucaliptus y pinos que todavía sobreviven; a mí me emociona ver a los viejos, sentados con la silla cruzada como lo hacía mi abuelo, en las puertas de las casas; a mí me dibujan sonrisas los chicos jugando a la pelota en plena calle y las nenas saltando el elástico en las veredas. Hay algo, en la transformación, que nunca cambia. A eso le escribo, a eso se lo dedico.

Al llegar a la Escuela 137, avanzamos despacio, porque un rato antes mi hermana me había mandado este mensaje de texto: “28/10 . 13:09. Tene cuidado porque la policia esta encuartelada por el crimen de los poli.En la 137 faltan mesas y se estaban agarrando a pinas los fiscales”.

Por suerte, cuando pasamos nosotros, la cosa se había tranquilizado. Terminé la tarde tomando mate –tres opciones: palo santo, peperina o yerba común- con mi familia, contándoles historias y escuchando otras, mucho más bizarras, de mi papá. A las siete, en la tele anunciaron el triunfo de Cristina. Yo me despedí y me fui de Villa Celina. Antes de hacerlo, pedí bajar del auto casi llegando a la autopista, y con el celular le saqué esta foto a la pared:



(1)Gracias Leotta por los adjetivos.
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6 comentarios:

Molina dijo...

J.D: ayer, cuando estaba yendo a votar, encontré en la calle una foto de Evita (mirala en mi blog, es hermosa), y, entre otros, me acordé de vos, el treintañero más peronista que conozco.

juandiego dijo...

gracias ignacio!
ahí voy a mirarla-

Anónimo dijo...

impresionante la cantidad de imágenes de violencia y de muerte de tu blog
nunca lo había visto...

ememe dijo...

querido juan diego,
la alegría otra vez!!

EmmaPeel dijo...

Juan hice el camino parecido, pero de Villa Urquiza a Lanús (y ahi terminé saltando contenta por la salida del viejo manolo)

jonas dijo...

yo voté por urquiza y no tengo ninguna anécdota literaria, maldición.

entré a la escuela, había un tipo votando, un anciano austríaco esperando y luego yo.
fue como un trámite con posterior arrepentimiento.