martes, agosto 08, 2006

Glaciares



















4

Las caras que pasan caían conmigo
en el plano inclinado de la calle Veinticuatro
de Noviembre; agarrado del aire
le apretaba la mano a la mano mutilada
por los balancines del mecanismo dentado
de la angustia primero, de la apatía después,
una suerte gravitacional para el principiante
enamorado, que baja y baja, se compadece,
y deja que su compasión lo conmueva con relatos
del sur, del viaje, del dedo, de Ana,
y es cierto que me desmoroné
por los anillos del departamento,
pero el sol todavía estaba alto
en el escondite; en marzo lo habré pensado,
que si me pongo de pie y llego a la esquina,
el ciento veintiséis agarra derecho y me bajo
en la Facultad,
que si hago cola en la ventanilla
tarde o temprano van a devolverme el carnet
que llevan los estudiantes de Letras,
porque mucho se ha hecho,
pero más, mucho más, alcanzaré yo.

Acepté café, conversaciones y fiestas,
cursé materias y organicé a la gente
durante varios días hasta una tarde
que se acercaron para pedirme el teléfono
y llamarme a casa fuera de hora.

Yo contesté al adosamiento
aunque el vacilante y la medida
de un año largo abajo del tren
me despertaba desconfianza y reticencia,
pero dado que eran más amables conmigo
que la voz de Ana a cuentagotas,
les dije sí, dije sí, compañeros.

Cuando llegó el verano me propusieron
acompañarlos de campamento: otra vez
el sur, de nuevo el bosque. —No sé
si me conviene —pensé quedarme
en el cuarto negro.
—No digás pavadas, claro que sí,
te conviene venir,
es lo mejor para vos.

Cuando nos reunimos para elegir
el lugar, un voto masivo sobre el mapa
señaló el Parque Nacional Los Glaciares
y yo dije ni loco, me acuerdo de ella y sangro,
me pongo pálido, les digo no,
eh, por favor, vayamos a otro lado,
no me hagan esto, no puedo.

Pero ellos eran amigos de oídos sordos
y pulso colectivo, estudiantes de pie
en el centro del ambiente,
entonando su marcha contra mí:
“¡Los Glaciares, Los Glaciares!”
Y yo sentado en la sillita verde
contra la pared de la cocina
tenía que decidir cuanto antes
qué hacer, si volver o no volver.




















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3 comentarios:

Lale dijo...

rex, de donde salen esos dibujos? son hermosos.
linda serie, amigo.
besos

Rex dijo...

gracias lale!
todo el tiempo estoy bajando ilustraciones de galerías de arte contemporáneo, para el interpretador y para el blog.
un beso

Anónimo dijo...

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