sábado, mayo 17, 2008

Los campos galvanoplásticos

Después de suicidarse en un tren a Moreno
el alma de Erdosain fue a parar a La Matanza,
allí revuelve porquerías en los basurales
como cualquier otro ciruja muerto o vivo,
o loco, y pacientemente recupera
toda clase de metales para sus experimentos
con las plantas silvestres bañadas en desechos
muy propicios para el trabajo ornamental.

Sus electrodos son los cables de las torres;
su fundente, las aguas residuales;
a los cables los pela con los dientes
porque la electricidad no puede lastimar
la carne de un fantasma;
a las aguas las toca sin guantes
porque el ácido no puede
quemar la piel de un fantasma.

Que corra la soldadura, Erdosain,
en brotes, hojitas y flores,
que el viento no pueda mover
las armaduras de las plantas
que crecieron a orillas del Riachuelo.

Toda la zona
será un campo hermoso e indestructible
que ni las máquinas excavadoras
podrán desalojar.

Margaritas, pastos y abrojos serán rosas
de cobre,
jazmines de bronce,
malvones de alpaca echando raíces
infinitamente.

Que corra, Erdosain,
la electricidad,
que desde lejos puede verse
tu artesanía sobre el Conurbano,
una aurora cincelada y patinada
en campitos de Villa Celina.

4 comentarios:

fraude dijo...

dale cobre a la rosa, dale
y eso que Roberto decía bocha
SEMBLANTE,
decía.

palabra ELEVADA
si las hay


salú

juandé dijo...

ja, sí, re elevada.

qué hacés nicolás.
saludos

antonio larrosa diaz dijo...

¿Como he llegado a este blog? No losé , pero me alegro porque yo tambien escribo y lo que aqui he leido me ha gustado mucho.
httpwww.antoniolarrosa.com

morgana dijo...

Estoy volviendo de mi cuarta o quinta resurrección, bah... ya ni cuento mejor.
Erdosain.
Te digo dos cosas: Te imaginé siendo Erdosain dentro de cien años, fabricando objetos maravillosos sólo para Celina, tu única chica.
Después, sentí que despedías a un muerto.
Dejame que me quede con ambas sensaciones.
Beso al escritor.