miércoles, mayo 14, 2008

Las piedritas maldicientes y la hermosa selva contaminada

Casi
no quedan yuyos ni pasto
en este suelo mezclado con arena
que paradójicamente al pisarlo parece
hecho de hojas secas, aunque en realidad
no pueda verse ni una sola en toda la redonda,
a la tierra la cubre una especie de polvo plateado
y muchas piedritas oscuras que si las tocás
te putean, te maldicen un rato en el eco
con esas voces resentidas de viejos
con los huesos rotos.
Por allá
queda el basural,
empieza pasando el puente
y sigue y bordea el río hasta Camino de Cintura,
es una franja llena de porquerías donde aún hoy
deambulan algunos animales -ratones, cuises y liebres-
que resisten milagrosamente desde el tiempo de la Colonia
gracias a los anticuerpos que vaya uno a saber cómo
desarrollaron en esos cuerpitos tan raquíticos,
y qué misterio, ahora que lo pienso,
que todavía prefieran vivir
en tanta podredumbre
y no se hayan mudado
a los bosques de Ezeiza
o al campito del sudoeste donde cuentan
que la contaminación es al revés porque no seca
sino que produce una vegetación rarísima y tan espesa
que es una selva ideal para que vivan los animales y las personas
a las que les gusta imaginarse cosas raras y andar inventando historias.

6 comentarios:

Julieta dijo...

todavía hay algunos que prefieren sentir a carne cruda... con las entrañas. Esten donde esten, todavía hay.
Siempre paso por acá! Cuidese y que le llueva suerte!

Nina Rivero dijo...

sobre wonderful objects

Antes de ayer mi hermana consiguió Objetos Maravillosos y me lo dio para que lo lea. Comencé con pasajes que por blogs, revistas o libros de cartón ya conocía. Por la mañana en el 21 (colectivo que me traslada a Olivos, donde trabajo) seguí con algunas narraciones nuevas que interrumpió la jornada laboral. Salida del trabajo, voy a Palermo y no puedo leerte: la incomodidad del colectivo y la ausencia de asientos disponibles boicotean mi plan. Recién retomé en el 166, a las once de la noche, camino a mi casa, después de remarla un poco con una tía que hacía mucho que no veo. Me perdí en tus crónicas, en tus diálogos de galancete disfrazado de vendedor (o al revés ¿no?), en el barrio y sus personajes fantasmagóricos, en Cachorro Oxidado, en la refundación del artesano industrial.
Encantador.
Saludos

Juan Dé dijo...

gracias julieta! suerte para vos también.

qué lindo, nina, mil gracias!
y sí, es al revés, el que está disfrazado es el vendedor, se disfraza para conseguir clientas.
saludos!

Anónimo dijo...

juan de leyo a helder y a raimondi

Juan Dé dijo...

altos poetas.

Charlotte dijo...

Oh yeah.