viernes, julio 25, 2008

A la pelotita

Resulta que por treinta pesos me compré un pulóver muy lindo, color uva, en un puestito de piratas de Liniers. El cuello era redondo y tenía las mangas terminadas en puños. ¿Se dice así?

Como me gustaba mucho, empecé a ponérmelo seguido. Además, abrigaba. El color hacía composé con los anillos que estaban en la gama del rojo, que, les cuento, abundan en la caja de mi empresa, así que las ventas subieron, no sé, ponele un veinte, un treinta por ciento en las mejores noches.

No faltó clienta que dijera ¡Ay, pero qué lindo tu sueter! (ellas le dicen sueter, yo pulóver; la verdad no sé cuál es la diferencia entre una cosa y la otra). Una chica me lo quiso comprar. No era la primera vez que me pasaba. A Sherlock, el saco con presillas que me llevé por siete mangos de El Ejército de Salvación de Pompeya, me lo quisieron comprar varias veces. Pero loco, ¿todo me quieren sacar? Malditas capitalistas, clientas compulsivas! Déjenle algo, por Dios, al vendedor ambulante. El sueño del vendedor ambulante es una paradoja: llevar algo que no te quieran comprar. Una vez, por ejemplo, hice un collar de mierda, hecho con bosta de caballo y pegamento, y lo llevé a Plaza Francia, desafiando al sistema. Dije la verdad: este es un collar de mierda. Y la puta madre: tarde o temprano, a alguien se le ocurrió una boludez y dijo esto es genial, chabón, es arte conceptual!, y también me lo sacó.

Pero mejor volvamos al pulóver, al suéter. Eran todas alegrías las que me daba. Era mi prenda más gauchita. Pero como dice un dicho: No todas fueron rosas. Y como dice otro dicho: Lo barato sale caro.

El paso del tiempo y el armatoste de mi lavarropas le traquetearon la forma, le estiraron el cuello, le alargaron las mangas, lo achicaron en la cintura. Como pude, lo mantuve digno, para no dejar de usarlo, porque pese a todo me seguía quedando bien. Era por el color. Qué color, mama mía, ese uva, ese granate, ese bordó.

La cosa se agravó cuando llegaron las pelotitas, muchas pelotitas. Al principio, las sacaba con cuidado, agarraba la tijera y, sin estirar, las cortaba de raíz. Después, se complicó. Por la cantidad. Ya no había manera de sacarlas sin herir de muerte a mi querido pulóver de Liniers. No había técnica, no había táctica ni estrategia efectiva que mantuviera esas pelotitas a raya. Había llegado la hora de la peste.

Parecía una oveja. Las pelotitas aumentaban de volumen como por arte de magia y ya no me quedaba aerodinamia para caminar mi paso largo en la calle. Ese pulóver se había convertido en una pérdida de tiempo. Pero yo todavía lo quería. Lástima que, sin querer, me fui haciendo adicto al arranque de las pelotitas y, como quien se come las uñas, como quien se explota los granos, experimenté, cada vez más, la satisfacción de aquella pulsión autodestructiva.

No fui el único. Mientras paseaba a Ayax en la plaza, los chicos, contentos de ver una oveja bordó y un perro chocolate, me rodeaban y jugaban conmigo. Guerrilleros infantiles, me atacaban por atrás, arrancándome las pelotitas del pulóver. Demonios, cómo me rompían las pelotitas!

Qué triste, porque una cosa lleva a la otra y así me fueron deshilachando. Todavía, y esto es casi un pedido de auxilio, me estoy deshilachando.

12 comentarios:

Julieta dijo...

A las pelotitas que aparecen en los viejos sacones yo les tengo cariño. A veces pienso que son recuerdos. Vienen cargados de historia, hay algunos que quiero que se queden ahí y otros que los arrancaría de ráiz.
Saludos Juande!
Siempre es hermoso pasar por acá.

Anónimo dijo...

juani, las pelotitas esas salen con la afeitadora. ponés chato el pulover en la mesa y le das con la afeitadora. salen facil.
mr. utilísimo
ayer me lo crucé a santoro por corrientes frente al san martín y le dije "santoro. están buenísimas las ilustraciones del libro de incardona". me agradeció. se fue contento.

juandé dijo...

gracias por los consejos!

qué capo santoro.

atina dijo...

Ay. Qué sufrimiento, el deshilachamiento de un objeto querido.


Y también le iba a decir lo mismo, lo de la gilé.

En fin.

Saludos.

Anónimo dijo...

feliz cumple juan dé!!!!

Anónimo dijo...

esta bueno como fluye la narración y la voz que alterna en algunos momentos produciendo distancia de instantes

saludos nene

Y

juandé dijo...

gracias atina, gracias yanina, gracias anónimo quien quiera que seas.
salud!

hola dijo...

sweater dicen las chicas de barrio norte y tal vez de palermo, pullover dicen todas las demás.
como colorado y rojo
cuarto y pieza, etc etc

atina dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Juan Dé dijo...

es verdad hola. siempre me llama la atención cuando las clientas me piden anillos "colorados".

Anónimo dijo...

por donde y q dias puedo pasar a comprarte algo juan???cual es el punto de venta??gracias ...
veronik

juandé dijo...

hola veronik.

no tengo lugar fijo, soy ambulante.

suelo vender por palermo, a la noche, jueves, viernes y sábados.

tipo 23 hs. casi siempre ando por Acabar, que es un bar que está en honduras casi bonpland-

saludos!