domingo, junio 05, 2011

Estrella del invierno

Estoy solo,

soy un sereno en un campo de concentración,

en medio de las ventanas oscuras

brilla mi cuarzo rosa estrella del invierno

en una edificación antigua del Estado;

las palomas entran confundidas a los ambientes

y tengo que ayudarlas a salir;

en el silencio retumba la gotera

y en la caja de alfajores guaymallén,

Eulogia, la gatita, sueña los sueños del león;

por la ventana entra frío y las palabras de los árboles;

entonces hablo con los árboles que lloran sangre

-los cuerpos no están pero quedó la sangre

y fotos en blanco y negro en todas partes-;

y creo que también he pasado a la escala de grises;

sucede cuando todos se van y yo me quedo

con el Word de Las Estrellas Federales,

una novela escribiéndose en la ESMA,

mientras, afuera, apenas, se oyen voces

de jóvenes que van a una fiesta

que llaman nacional y popular.

Los baldes y trapos de la Piqui

me miran y el largo pasillo silencia

las pisadas de los hijos del camión y pasta base

con la cara engrasada en Ciudad Oculta,

las manos heridas con virutas de CAMEA,

lo que alguna vez recordarán,

ya no tan jóvenes,

los jóvenes hermosos de la fiesta,

cada vez que el frío y el calor se conjuguen,

antagónicos, en cartulinas celestes del colegio

de sus hijos, o en el geriátrico de ustedes

debajo de los ojos cerrados de un anciano arrepentido

que evoca pasajes de su vida

como un sueño de Eulogia en una jaula transportada

por un camino largo entre vehículos quemados

a través de la Argentina en pastos altos;

como una noche en pastos altos donde no

se sabe si hay muertos enterrados

y donde estoy solo con fantasmas,

¿alguien puede escucharme acá?

A la noche bailo con los desaparecidos,

Ceno con los desaparecidos,

Juego a las cartas con los desaparecidos:

Ella por ejemplo, me sugiere un paisaje,

me recomienda personajes;

es una chica que no sé cómo se llama,

tendrá veintipico de años y es muy linda,

siempre la saludo cuando los jueves paso cine

en el microcine Ernesto Che Guevara;

pero en realidad estoy solo,

no quiero ir a ninguna fiesta,

prefiero, loco, o masoquista,

divagar en la neblina venenosa,

por más que me destruya y

a lo lejos brille luces malas;

no es siquiera oro viejo del Tesoro,

es solamente oro de los tontos,

piedras de Santa Casilda, piritas,

con los diablos tan pobres

que esconden la cola ante la vista

de los hermosos, de los muy hermosos,

los sofisticados de la endogamia política

y la revolución casi justicia social;

cuando se vayan de la fiesta, sus citas

—Scalabrini, Cooke, Perón—

serán cartones a tracción humana e infantil

al costado de Libertador hacia el norte,

porque, al fin y al cabo, el mundo fue y será…

y una sombra ya pronto serán

y entonces vendrán

al único cementerio del mundo

donde faltan los cuerpos.

Estoy solo,

en una soledad definida tan sólo por mi humanidad

pues los animales, las plantas y todos

los espectros me acompañan;

Vean, estoy, escucho

música debajo del gran puente grúa

en cuyos rieles anidan murciélagos;

levanto el volumen y entonces las criaturas

vuelan alrededor,

soy un nuevo acróbata del circo del aire,

doy vueltas como una nota musical;

se me cae la piel, cae la carne, se me caen

los huesos y ya no queda nada para la fuerza

de gravedad;

en matrimonio con la nada,

mi pobre belleza se derrite

a la hora del reloj de plastilina,

Eulogia se despierta y no me encuentra,

sale de la caja de alfajores,

pega un salto y se sube al entretecho,

avanza entre los caños y los cables,

se mete en su hueco debajo de la viga

y, allí, perdura,

entre dos dimensiones,

lejos de los perros.

5 comentarios:

Analía dijo...

Que lindo, Juan. A este poema se le escapan ráfagas de frío que traen hojas verdes y otras secas desde la ESMA; y mezcladas en el medio, muchas voces.

Te mando un beso.

Anónimo dijo...

Abajo de Analía yo, que no soy la abanderada, ni de los humildes, ni del taller, pero también te sigo, y te quiero. No te reto por no ir a las fiestas, porque en esos raptos de solo te salen estos versos.
le

ojaral dijo...

Hermoso poema, Juan.

Eze dijo...

Que lindo poema, me gusta como describe y engancha una cosa con otra, lugares y sentires sin causalidad aparente

Natalia Romero dijo...

"como un sueño de Eulogia en una jaula transportada
por un camino largo entre vehículos quemados
a través de la Argentina en pastos altos;
como una noche en pastos altos donde no
se sabe si hay muertos enterrados
y donde estoy solo con fantasmas,
¿alguien puede escucharme acá?"

Fuerte y bello Juan.