lunes, julio 26, 2010

Rock barrial

Adelante,
policías uniformados;
atrás,
policías de civil.
En los cordones,
florecen los cabellos de los muertos
cortados en flequillos rectos
sobre las veredas.
En las paredes de los Ministerios,
se petrifican las manos de los músicos callejeros,
formando púas de coral.
En las antenas,
rebotan las zapadas
que hicimos en la década anterior,
cuando velábamos a nuestros padres los suicidas.
Ahora caemos nosotros,
en el centro de la ciudad.

La chica gótica se derrite de mi mano
goteando temas en el piso.
La Avenida de Mayo empieza a digerirla,
le come la belleza y le tira los restos a las bocacalles.
Ahora sólo le queda mi pensamiento,
para unir sus músculos y demás partes inertes
en un único ser, que me pregunta
¿estás bien?, decime, ¿estás bien?

Quiero escapar por el agujero del cordón
pero los agentes me traen otra vez
a la vía pública,
me tiran en un charco común
con los adolescentes de la esquina.
Vean el mar rojo donde navegamos,
en células dormidas,
los barrialistas de la clandestinidad.
Que soplen las armónicas del mundo,
que las chanchas de las baterías marquen el compás,
que distorsionen todas las guitarras.
Lo que alguna vez miré, desaparece.

El agujero del cordón abre la boca.
Oscuridades sanitarias me pelan la piel,
me tiñen los labios, me queman los ojos.
En esta cueva camino,
así soy por ahora,
camino por debajo de casas y calles,
así seguimos por ahora,
hasta una escalera caracol,
que voy a subir, ahora mismo.

Lento, llego a un campito claroscuro.
Rodeado de plantas galvanizadas,
a través de pastos transparentes,
voy llegando al único árbol de esta pampa.
Bajo su pentagrama sin hojas,
me abandono y duermo,
en oscuro blanco,
como la luna que está allá.

Sucesos recientes me toman el sueño por la espalda.
Los edificios caen sobre la manifestación
hasta callar una por una las canciones.
La política se ha vuelto piedra, vidrio y polvo.
Alguna mano surge de la ruina,
reza aire con las yemas de los dedos.
A duras penas sus plegarias
obtienen humo y gases lacrimógenos.

En la Diagonal,
aparecen autos negros.
Bajan las ventanillas y asoman ametralladoras,
disparan ráfagas tardías a nuestros cuerpos desplomados,
como si no creyeran que fuésemos capaces de morir.
Epilépticos, nuestros cadáveres hacen bailes al revés
al ritmo de las ambulancias que van y vienen por la 9 de Julio.
Yo las escucho con la cabeza apoyada en el asfalto,
sabiendo que es demasiado tarde para mí,
que, aunque vengan a buscarme, ya no voy a estar acá,
sino hundido y enredado en la raíces como en una telaraña.

Explota una bomba y me despierto a lo lejos,
el horizonte se alarga como un diapasón hasta la boca
de una enorme guitarra,
un gigantesco agujero negro en cuya atmósfera
vibran solamente cuerdas graves.
En ese abismo,
se arrojan los espíritus adolescentes,
en mi, en la, o en re.

Chica gótica,
para qué y qué puede pedirse ya,
si del azúcar sólo restan puntos blancos,
una palabra acá, una media palabra allá,
un cuarto de palabra que dijiste antes de cruzar
la General Paz;
si del agua apenas queda
una mancha de humedad más o menos parecida a tu cara,
o ni siquiera eso,
tan sólo vapor de tu figura,
flotando entre luces malas,
al fondo de la Autopista Riccheri;
los murciélagos danzan en torno a tu vestido,
floreado de luciérnagas,
yo quiero levantarme y alcanzarte,
bailar con vos entre animales y plantas transformadas,
cantarnos al oído en medio de una revolución juvenil;
pero una avalancha crece en el aire oscuro y cubre tanto barrios como campos;
te derriba a vos y me hunde a mí, a la fuerza,
en esta gran fosa de la llanura pampeana hasta que pudra,
que se pudra, que se me pudra la sangre y toda imaginación;
¿y qué decís, mi amor?;
no digas nada más,
simplemente cierra la boca como yo los oídos,
porque ya estoy adentro,
cierra como la tierra las semillas,
las raíces y los muertos.


MIM LAM FA#m SIm REM MIM
Cuando cerraron las fábricas y los oficiales torneros se suicidaron en masa, los hijos, tirados abajo del sol fumando una vela, dos velas, tres velas, nos recluimos en las esquinas para tocar nuestras primeras canciones...

2 comentarios:

Abrujandra dijo...

Impecable.

Ignacio Zentiuse dijo...

loco lo tuyo