viernes, septiembre 30, 2005

Rexistencia 6 - Aves rapaces*

Noctámbulo, noctívago en la sala del Hospital mientras operaban a Maxi me dolía el estómago, me dolía el pecho en la espera abovedada, me dolía el brazo, pensaba cómo era esa chica, no me acuerdo cómo era esa chica, me concentraba pero cómo era esa chica, tomaba agua pero cómo era esa chica, cómo era esa chica, cómo me miraba, era una noche lluviosa, esa chica dónde está, caminaba, me dolía, me aplastaban los hectopascales, pero cómo es posible que no me acuerde, me dolía el estómago, la gente rezaba, la gente lloraba, cómo era, la baldosas se quiebran, a las personas se las tragan los pisos, se las traga el aire, después el pasto duro del jardín de planta baja, y la madre me quiere devolver el libro que le regalé a esa chica pero cómo era, tan joven, tan linda, cómo era esa chica del edificio, noctámbulo me dolía el brazo, noctívago sale el doctor del quirófano, pero cómo está Maxi, doctor, está bien, gracias, doctor, gracias, sí, como usted diga, qué suerte, la gravedad se desmenuza, doctor, pero cómo era esa chica.



*Cuando aves rapaces nacerán, de la noche hasta oir la señal. Como la lluvia es el agua del mar. Como tu cuerpo el espacio que das. Así la tierra los devorará lejanos...
A

Rexistencia 5 ------------------------------------------------------------

jueves, septiembre 29, 2005

A dieta

La manzana es el fruto del manzano, árbol de la familia de las Rosáceas. Esta familia incluye más de 2.000 especies de plantas herbáceas, arbustos y árboles distribuidos por regiones templadas de todo el mundo. Se podría decir que el cultivo de la manzana es tan antiguo como la humanidad, siendo el manzano el árbol frutal más cultivado a nivel mundial.

Los videos más sorprendentes del mundo

Lousiana.
Los indios de la Universidad del Noroeste de Lousiana enfrentan a sus archirivales, los Demonios de la Universidad del Noroeste del Estado.
Aunque la batalla en el campo es feroz, no iguala lo que pasará fuera de él.
La mascota de los Indios, Jefe Espíritu Bravo, está animando a la multitud. Luego, el Jefe empieza a molestar a la mascota contraria, el Demonio, dándole un golpe en la barbilla. El Jefe no imagina que Shane Claybaugh, el joven disfrazado de Demonio, está endiabladamente enojado.
Shane Claybaugh:
"La rivalidad debe estar entre los equipos y no entre las mascotas. Estaba ahí gritándole y recuerdo haberle dicho algo como "no me avergüences frente a mi escuela y yo no voy a hacerlo frente a la tuya"".
Shane dice que Espíritu Bravo es conocido como un valentón de los equipos. Pero Steven Patron, el joven disfrazado de Indio, dice que un amistoso empujón es sólo parte del espectáculo.
Steven Patron:
"Todos sabemos que hay una regla implícita: Se puede jugar a las luchas, y si Shane no comprende eso, no debería estar en el equipo".
Pero el caricaturesco Demonio no pudo esconder su ira. Lanzó el primer golpe con tal velocidad que su cabeza de goma se desprendió. Jefe Espíritu Bravo se sorprendió.
Steven Patron:
"No tenía idea de lo que sucedía; yo no sobrepasé mis límites. Jamás crucé la línea".
Jefe Espíritu Bravo se defendió soltando una dura patada seguida de un poderoso derechazo. El Jefe no tenía intención de hacer la guerra pero el Demonio lo obligó.
Los camarógrafos que cubrían el juego no sabían qué era más emocionante, la acción en el campo o el espectáculo fuera de él.
En un intento por terminar la pelea, el Jefe rompió la regla cardinal de las mascotas. Tiró al Demonio sobre el piso y le arrancó la cabeza.
Shane Claybaugh:
"No le quitas la cabeza a una mascota. No es correcto golpear a una mascota frente a su escuela, manchando su reputación".
Ahora tiene que pagar. El Demonio sin cabeza busca venganza.
Steven Patron:
"Empezó a tirar de mis trenzas, ahhh, quería arrancarme la cabeza".
El Demonio arremete contra su rival intentando decapitarlo. Pero no puede, porque el disfraz de Espíritu Bravo está asegurado.
Steven Patron:
"Yo sí tenía asegurada la cabeza, lo que toda buena mascota debe hacer".
La policía finalmente detiene la batalla.
Como un victorioso boxeador, el engreído Jefe levanta las manos ante la ovación de la multitud.
El desvalido Demonio es puesto en pie.
Con un marcador final de Indios 28, Demonios 18, no hay dudas de quién ganó en el campo. ¿Pero quién ganó en la violenta riña fuera de él?
Steven Patron:
"Creo que la gané yo".
Shane Claybaugh:
"Yo gané la pelea, lo sé".
¿Pero lo arreglarán de una vez por todas?
Steven dice que está listo para la revancha:
"Sí, si tienes algún problema, si quieres terminar con esto, si quieres progresar en tu vida, ahhhh, ven a verme, no tengo problema con eso".

miércoles, septiembre 28, 2005

Rexistencia 5 - Infinidad*

Viajo en el 128 hacia la reunión remisera. Pienso cosas. Un hombre mayor sube con una guitarra. Saluda al chofer amistosamente. Se conocen. Observo la situación. Habrá subido a este coche infinidad de veces. Su aspecto es desprolijo. Su cara es cansancio. Empieza a tocar una canción folklórica. Lo hace realmente bien. La habrá tocado infinidad de veces. Canta con voz ronca pero afinada. La habrá cantado infinidad de veces. Lo aplauden. Infinidad de veces. Su cansancio me alcanza. Mis monedas lo alcanzan. Saluda y desciende del colectivo. Lo miro a través de la ventanilla. Arrancamos otra vez. El viaje vuelve al silencio. Pienso cosas. Moriré ahora mismo. Por qué no. Con un gancho extraerán el cerebro por mi nariz. Llenarán la cavidad craneal con una especie de betún. Me sacarán los ojos. Los reemplazarán por otros artificiales. Me quitarán las vísceras. Llenarán mi vientre con sustancias aromáticas. Mi cuerpo estará sumergido en sal. Billinghurst y Peña. Tengo que bajar. Me cuesta. Estoy aplastado contra el asiento. Tengo que hacerlo. Cuesta. Me pongo de pie. Toco el timbre. El colectivo no se detiene. Nunca. Toco el timbre. La velocidad aumenta. No importa. Me arrojaré a la calle. Infinidad de veces. Por qué no. Tomaré, allá, el primer barco junto a los músicos callejeros. Vean, acá guardo mi boleto desde hace tiempo. Bajaré de aquí y subiré allí. Surcaremos los océanos. Algún día no. Porque ese día nos abandonaremos. En el medio del mar. Para morir de hambre. Para morir de cansancio. Frente a los intrumentos mudos. Desafinados por la nada. Solos. Sin público. Sin caras fugaces. Sin caras violentas. Sólo el gran cementerio marino infinidad de veces.
*Beau ciel, vrai ciel, regarde-moi qui change!
Après tant d'orgueil, après tant d'étrange
Oisiveté, mais pleine de pouvoir,
Je m'abandonne à ce brillant espace,
Sur les maisons des morts mon ombre passe
Qui m'apprivoise à son frêle mouvoir.
PV
Rexistencia 4 ----------------------------------------------------------------

lunes, septiembre 26, 2005

Objetos maravillosos - 2

"Te voy a contar un cuento de hadas para que te duermas y descanses en él. Tengo unos bárbaros (...) Son cuentos de hadas al revés"
Carlos Gamerro
Corto un pedazo de alambre de alpaca 1, 25. Agarro la pinza rosario, la chata y el alicate. Recuerdo las rejas de algunas casas. Hago pequeños firuletes, que denomino "minipartes". Acomodo los pequeños objetos en la mesa de madera hasta formar con ellos el dibujo que imagino. Una vez presentado el rompecabezas, agarro el pincel y lo mojo en el frasco con fundente. Pacientemente, abandono una gota en cada unión. Abro la garrafa, tomo los fósforos y enciendo el soplete de mi soldadora. En el cuarto hay música. Pienso cosas. En la mano izquierda, el alambre de plata; en la derecha, firme el soplete. Comienzo a soldar. La plata se deshace en las gotas de fundente (por eso es importante no mojar toda la pieza, sino la plata se desparramaría y el objeto quedaría muy desprolijo). La pieza queda perfectamente unida. Buen trabajo. Pero está toda negra, por el fuego de la soldadora. Abro el frasco con ácido nítrico. Tomo la pieza negra con la brusela (porque está caliente) y la meto en el frasco con ácido. Poco a poco, la pieza se va limpiando; se descascara la negrura. Saco la pieza. Está limpia, pero muy opaca, sin brillo, debido a la acción del ácido. Agarro la pomada de Brillametal y unto un poco en el trapo de una de las ruedas de la pulidora. Enciendo el motor. Acerco la pieza –la tengo con la pinza chata- y le doy vuelta y vuelta durante un rato. Pienso cosas. Listo, está brillante. Agarro el alambre de alpaca semiduro 0,6. Hago unos eslabones "gotita" y los engancho en los costados de la pieza brillante 1, 25. Le agrego algunas piedras de escaya. Amatista y granate, mis favoritas. Agrego más eslabones: "gotitas", "S" y "resortes", hasta formar una cadenita. Hago un gancho "macho" y uno "hembra". La gargantilla está terminada. La llamaré "Infierno afrodisíaco". Pasan algunas horas. Voy a Plaza Francia. Le digo a un grupo de chicas: ¿Quieren ver objetos maravillosos?. Sí, me contestan. Una chica se prueba una gargantilla. Se mira en el espejito. Se llama "Infierno afrodisíaco", le digo. Jaja, ¿cuánto cuesta? Cinco pesos. Bueno, me la llevo. Bienvenida al éxito. Pasan años. Voy caminando por Callao. Me cruzo con una chica. No la conozco, pero su cuello me llama la atención. Miro bien. Ante mis ojos pasa, fugaz, la imagen de una de mis gargantillas. Ha perdido brillo. Miro, miro la gargantilla. Lo que queda de ella. El instante se alarga infinitamente, pero es muy breve. La chica pasa. Me doy vuelta. La chica se aleja. Estoy parado en plena calle. Sigo mirando. El semáforo está en verde. Los coches me tocan bocina. Subo a la vereda. Miro a la vieja clienta. Se aleja. Desde allí no puedo ver la gargantilla. Cuando la hice, yo vivía en otra casa, tenía otra novia, estaba escuchando música, tenía el pelo más largo, estaba pensando cosas que no recuerdo. Allá va todo eso, apretado al cuello de la figura, ahora diminuta, que se achica progresivamente en el horizonte de Callao, hacia Santa Fé.

Objetos maravillosos - 1 ----------------------------------------------------------------