jueves, marzo 13, 2008

La banda callejera

ampere29. La estela del cometa se alarga cada vez más. Los jóvenes están exaltados. Sus rasgos cadavéricos brillan como luces malas. El viento levanta las polleras y deja ver cadenas y cuchillos. Los edificios agachan la cabeza y las ventanas se llenan de ojos. La manifestación estira el brazo. Ciudadanos sueltos son rodeados aquí y allá. Roque y yo seguimos a ritmo regular, observando el nuevo estado de las cosas. De pronto, nos vemos a nosotros mismos, reflejados en una puerta espejada, y entonces compruebo también nuestra juventud, nuestra cara infantil. Me detengo. Frente al agujero negro del reflejo, me quedo duro como una piedra. El clamor de la multitud pierde volumen, progresivamente, hasta que reina el silencio. Es como si alrededor mío, la marcha contuviera la respiración. Centenares de partículas se quedan sin aire. Los cables son vaciados y la electricidad se acovacha en el inconsciente. La banda espera los pasos a seguir. En la puerta espejada, mi reflejo abre la puerta y me invita a pasar. Adentro habrá lo que yo quiera. Comida, bebida, drogas, televisión, internet, videojuegos. Pero el instinto me hace retroceder. Entonces el reflejo cierra la puerta. Fuck you! La sangre me vuelve al cuerpo y el paisaje recupera su color. El flujo magnético eleva mi glamour hasta las nubes, y de la nada, por nada, pego un salto descomunal sobre las centenares de cabezas, un salto antiguo, una perversión voladora. En el parlamento del aire grito lo mío. Noxa noxalis para la realidad por la violencia y la caminata de sangre y cuchillo juvenil. Los escapados de la Factoría alteran el equilibrio. La taquicardia revuelve el punto de vista. Temblores musculares conmocionan los cimientos. La fiebre bulle por las cañerías. Los adolescentes se contagian y un acoplado pasa a la ciudad por arriba. Cada cual empuña el arma que más le conviene. Arietes improvisados derriban las puertas de los tubos laterales. Es la hora de la venganza. Quemamos autos, saqueamos negocios, rompemos propiedades privadas. Los vecinos expiran sanatas incomprensibles, un idioma local apenas recordado por los hijos, que se van en masa al extranjero. Es la hora del ampere adolescente. Hombres pájaros vuelan sobre el humo de las gomas quemadas. Hombres perros despellejan la piel de los negocios asaltados. Hombres peces nadan por la zanja podrida donde escupen chorros, oscuros de mugre y de sangre, los agujeros de los cordones que desaguan las casas.


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miércoles, marzo 12, 2008

lunes, marzo 10, 2008

Entrás sigilosamente / descalzo y en puntas de pie
para que ningún vecino te escuche /ni tome cartas en el asunto.
Adentro mantenés la cabeza gacha/ lejos de las ventanas.
Caminás en cuatro patas como un animal.
Cerrás el pico y conservás el silencio.
Lo que no se puede decir no se puede sonar.

Espías la calle por la mirilla / los pibes
juegan a la pelota igual que siempre
pero alguien cambió las cosas de lugar.
Detrás de la puerta un día largo atardece / interiormente
y el cerebro reemplaza al corazón en el medio del pecho.
Es difícil pensar cuando las razones laten.
Las venas llevan y traen pensamientos.
El cuerpo es una asamblea permanente.
¿Qué clase de conciencia puede dictarte la sangre?

Salís un rato al patio.
Esto parece una selva.
Las plantas han crecido
entre las baldosas y van
subiendo por la pared.

Vos me decís esto.
Yo te digo aquello.
¿Quién es el dueño?
No tengo idea.
Yo te digo qué.
Vos me decís quién.
Yo te digo algo más.
Vos me decís Dios, quería estar solo.

El piso del living está rayado/ alguien arrastró mucho tiempo la silla.
Allá estaba la mesa de la computadora / el usuario escribía a contraluz.
Las humedades confirman las huellas familiares.
No hay cera ni limpiador que borre sus vidas del parquet.

Te vas igual que como viniste / aunque ahora es de noche
Las luces de los faroles no funcionan y pareciera
que el cielo del barrio tiene más estrellas que antes.
Pero mirá por donde caminás / tené cuidado por dónde pisás /
no son horas de andar solo / esto no es lo que era.

Detrás tuyo la casa parece mirarte.
Un dolor de estómago le dobla las paredes.
Un dolor de cabeza le cierra las persianas.

Lentamente se va hundiendo en la vereda
hasta que un día finalmente morirá de vieja.
Entonces sus restos brillarán fosforescentes
lo que quede de su fachada siciliana,
proyectándose en forma de luz mala
hacia la oscuridad de la Provincia,
como pasa con los huesos tirados en el campo
cuando alguien los mira a la distancia.

sábado, marzo 08, 2008

"Adelante, el polvo flotante brillaba por las luces del camión y me daba la sensación de que formaba figuras de jugadores que corrían, jugadores de Primera. Alguno se parecía al Loco Gatti, otro a Maradona. Verlos me hipnotizaba, aunque cada vez que me encariñaba con uno, pronto la misma velocidad lo deshacía, y lo atropellábamos.

En un momento, Zamora frenó de golpe, porque de un costado salió una persona, un jugador de verdad, que se cruzó por la calle. Buscó algo en la banquina, hasta que agarró una pelota. Entonces nos saludó, mostrándola bien alto. Zamora contestó el saludo tocando la bocina, y el jugador volvió al mismo lugar de donde había salido, desapareciendo entre los árboles."

El sudoeste, Fragmento.