Los freseros se levantan temprano
y en un molde inyectado de saliva
dormimos nosotros,
pero la cabeza de tan duro
apoyo
de acero al carbono, de acero aleado
al cromo,
nos llena de pesadillas y de voces:
¡Manganeso!
¡Tungsteno!
¡Molibdeno!
¡Levantate!
Temprano pero tan lejos del reloj
colgado en la pared de nuestros padres los freseros,
los hijos caminamos adentro de los ojos
pegados con la gotita del sueño
hasta el baño.
En el agua de la canilla oxidada
despegamos los párpados y vemos
el delta
negro, rojo, albiceleste,
arremolinándose al fondo
de los caños.
Cuando uno está despierto como el hijo
de un fresero al mediodía,
la televisión se enciende y el
compañero de la facultad
te llama por teléfono.
¿Qué país fresa uno con las ruedas dentadas
de su máquina ensalivada y tan íntima,
pero del mundo?
La transmisión traca que te traca en la cocina
mientras desayunamos un almuerzo
de voces y jala
el gatillo nuestro razonamiento
que va, que vuelve armado, ¿qué seremos?
¿estrellas frías en el techo?
¿rojas en la bandera?
¿entintadas en la impresora?
La constelación contemporánea es la figura de un Félix
en la viruta acumulada debajo de la fresa
de los freseros,
nuestros padres que insisten día a día en levantarse
temprano
pese a la jubilación.
viernes, marzo 31, 2006
jueves, marzo 30, 2006
Rexistencia 26 - Cosas de la calle
Ayer a la salida de la reunión del interpretador me quisieron robar. Ja, justo a mí, que no tengo un peso!
Estaba en una parada sobre Rivadavia esperando el 55, que no venía más. En un momento se me acerca un chabón -tendría 25, 28 años-. Me empezó a pedir plata, hablando afónico, cerrando los ojitos para hacerse el muy drogado, y escarbándose la nariz y sacándose los mocos a modo de escatológica intimidación. Yo le decía que no, que no, que no.
Estaba en una parada sobre Rivadavia esperando el 55, que no venía más. En un momento se me acerca un chabón -tendría 25, 28 años-. Me empezó a pedir plata, hablando afónico, cerrando los ojitos para hacerse el muy drogado, y escarbándose la nariz y sacándose los mocos a modo de escatológica intimidación. Yo le decía que no, que no, que no.
Entonces se me pegó bien al lado y al oído me dijo "y si te digo que soy ladrón y tengo un arma".
Enseguida, casi como un reflejo, lo empujé, para separarlo (por las dudas de que tuviera un cuchillo) y le dije "Mirá vos, te felicito, qué, me vas a robar acá?" y me puse en guardia.
El chabón se quedó calladito y mirándome, ahí a un metro, como que no me cazaba la onda.
Después de un rato me dice: "Todo bien, loco, vos sos un laburante igual que yo", y se fue.
Qué zapato!!
en fin.
El colectivo llegó y por fin pude ir a trabajar. No había nadie, fui al pedo.
Qué zapato!!
en fin.
El colectivo llegó y por fin pude ir a trabajar. No había nadie, fui al pedo.
Fue la segunda vez en once años que no vendí nada, ni un solo anillo.
Y bue. Un tipo de un bar me dijo que no me caliente, que va a mejorar, que estamos a fin de mes.
Rexistencia 25 --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
miércoles, marzo 29, 2006
martes, marzo 28, 2006
domingo, marzo 26, 2006
VI Encuentro de Lectura de el interpretador
Domingo 2 de abril, 18 horas.
Estados Unidos 308, San Telmo, Capital Federal.
Entrada libre y gratuita.
Están todos invitados.
www.elinterpretador.net
Estados Unidos 308, San Telmo, Capital Federal.
Entrada libre y gratuita.
Están todos invitados.
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