
miércoles, octubre 15, 2008
jueves, octubre 09, 2008
miércoles, octubre 08, 2008
Celina aguanta
Una expedición en busca de una señora que dicen que cura la culebrilla, el recuerdo de casi todo un barrio detrás de un supuesto hombre gato, y la historia de tres reyes magos barriales varados a mitad de su recorrido. Los primeros cuentos de Villa Celina tal vez sean los más redondos como tales de un libro anclado principalmente en el territorio de las aguafuertes. Pero igual resumen el tono de un libro lleno de personajes, casi leyendas urbanas, enmarcados en un territorio preciso. Como un cartógrafo de sus recuerdos, en la veintena de cuentos Incardona completa un retrato expresionista de su barrio, un relato de iniciación construido a base de pinceladas de ese narrador que no puede nunca –ni quiere- dejar atrás el lugar donde creció y que, al mismo tiempo, lo define.
Casi sin sexo y con apenas pincelazos de droga, lo que no le falta al libro de Incardona es rocanroll, porque en Villa Celina –tierra de Viejas Locas, Villanos y Callejeros- nunca falta. Aunque por momentos sobreactúe un poco esa naturaleza (cuando experimenta con el lenguaje y las citas de los Redondos se hacen recurrentes, por ejemplo), aguafuertes como El 80 –el colectivo que la policía del barrio usaba para hacer las razzias- o Pity son extraordinarios retazos de vida rocker suburbana. O vida suburbana a secas, en la que los personajes nunca dejan de aparecer, e Incardona parece disfrutar acomodándolos en su marco, hasta hacerlos inolvidables. Como el silencioso Víctor San La Muerte, el encargado de los animales atropellados. O Tino, el hijo de la almacenera, niño eterno y fanático de Boca. Y ni hablar del casi estampita perro Dos Narices, que cierra el libro desde su estatua de madera.
Sin ningún miserabilismo y sin perder jamás el orgullo, su postal de barrio lo hace común a todos, y al mismo tiempo resulta un territorio único y aún por descubrir. “Villa Celina se encuentra en el sudoeste del Conurbano Bonaerense, en el Partido de La Matanza”, precisa el prólogo. Pero, al terminar de recorrer las páginas del libro de Incardona, no hacen falta mapas. Villa Celina está ahí, entre sus tapas.
(La Mano)
Del Blog a las bateas
Hasta hace poco, el nombre de Juan Incardona despuntaba en el runrún bloggero tanto por las ficciones que posteaba periódicamente como por su labor al frente de El Interpretador, una revista literaria de circulación virtual. Y de repente, en un año, ya cuenta con tres libros publicados (todo un número para el promedio de su generación): El ataque, Objetos maravillosos y Villa Celina. Además de ser el primero en salir por una editorial multinacional, este último es, también, el más consistente de los que publicó hasta ahora, el que en un tiempo será considerado su debut literario propiamente dicho, si el vendaval Incardona sigue soplando con semejante ímpetu.
“Objetos maravillosos es una serie de crónicas simples que iban como anillo al dedo al blog”, dice Incardona y la comparación no es casual. La solapa de sus libros indica que se gana la vida vendiendo objetos artesanales: anillos, collares… Una actividad que se prestaba para ser narrada con un tono entre Casas y el Cucurto menos atolondrado. “Pero los relatos de Villa Celina siguen la composición del cuento, con estructuras mayores, más recursos y más procedimientos. Con otros tiempos, más lentos y más profundos”.
Así, entonces, sus dos primeros libros pueden ser leídos de ahora más como una carta de presentación, un trailer de la prosa tensa y versátil que Incardona despliega en Villa Celina. Y con la cual logra engarzar con gracia y precisión voces e imágenes, fundir diversos tiempos y materiales hasta volver el espacio barrial por momentos una zona entrañable, por momentos un páramo fantasmagórico y mutante. Por lo pronto, en los zanjones de Villa Celina y aledaños seguirán sus próximas ficciones. El año que viene Mondadori editará El campito, “una fantasía política en un tiempo indefinido, una guerra entre el peronismo y el antiperonismo en los aledaños al Riachuelo, donde Flora y Fauna proveen un mundo fantástico, desproporcionado por la contaminación”.
Matías Capelli
(Los Inrockuptibles)
Microcrítica
Como otros narradores (las escritoras Ángela Pradelli y Mariana Enriquez), Incardona encuentra en el conurbano bonaerense una cantera de posibilidades expresivas. "En los barrios, las historias corren como la pólvora y pronto se convierten en mitos." Con esa aspiración sostenida, sus cuentos incorporan Villa Celina a la lista de escenarios literarios, al tiempo que recuperan dos experiencias periféricas: la amistad y la fisura.
Rockero, peronista, hincha de Boca, cristiano y anfetamínico, Juan Diego, el narrador personaje de una localidad de La Matanza, construye, con parodias de géneros nobles, saltos temporales y material autobiográfico, un protagonista colectivo estilizado y sentimental. Las transiciones repentinas pero discretas del "yo" al "nosotros" empalman el desarrollo de hazañas con una conciencia comunitaria.
Daniel Gigena
(La Nación)
martes, septiembre 30, 2008
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miércoles 1º - 19 hs
19 hs. Sala Meyer Dubrovsky
El futuro como ficción miserable
Imaginaciones múltiples / Destinos post industriales y Destinos individuales / El sujeto del futuro / Aires de libertad, ilusiones / Imaginar a veinte años, no más / Estados sin estadistas / Tecnología y fantasmas / El borde sudamericano / Valoraciones y escepticismo / ¿Los valores simbólicos entorpecen la conformación de una cultura pluralista argentina?
Panelistas: Oliverio Coelho / Gustavo Nielsen / Humberto Acciarressi / Julio Zoppi
Moderador: Omar Genovese
CCC - Av. Corrientes 1543 / gratis
jueves 2 - 19.30 hs
viernes 3 - 21 hs

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