animales y plantas sobrenaturales
-perros dos narices, pasto transparente-,
una cisterna química volcada
gotea el ácido industrial al aguafuerte.
Porque tengo sed y confianza
en los anticuerpos que mi cuerpo
acumuló en el basural durante años,
yo me tiro al piso y en un charco
tomo hasta saciarme del veneno.
Entonces las personas y sus personajes
ocurren como por arte de magia,
los veo caminar en Ugarte y Giribone
haciendo cosas raras, superpoderosos:
la Juanita vende leche en la terraza
a una cola interminable de Hombres Gatos,
Tino firma pelotas a los jugadores de Primera
y éstos le firman en el cuaderno Gloria,
Porota cura la culebrilla al Presidente
antes de que al bicho se le junten las puntas.
Yo me despido de ellos y me alejo,
Martín y el Cabezón vienen conmigo,
surcando el Mississippi hasta la General Paz;
nuestro bote es una resistente tapita de vino
que soporta la lluvia, que aguanta el desagüe,
y la corriente nos lleva a lugares remotos
pasando Lugano, pasando Flores;
descendemos infiernos en los túneles
de Obras Sanitarias o en los arroyos
entubados debajo de las avenidas,
después subimos y atravesamos
la ciudad entera remontando
rápidos en autopistas militares.
¡Piratas ambulantes de La Matanza,
la Capital Federal conquistaremos!
Nadie nos detiene porque nada tememos.
La Virgen de Luján nos protege
y, al final, para nosotros sus estrellas
brillarán un Rosario de tapitas de oro
que, en un hermoso contraste
con el vino tinto que arriba cubre la Provincia,
formará esta frase escrita en el aire:
“Piratas de la zanja de Villa Celina
dan la vuelta al mundo en una tapita,
igual que como dicen los libros!”


